Incontrolable Mente
martes, 18 de septiembre de 2012
Café.
Coincidir. Con eso me basta; coincidir de nuevo con tus manos, y así, sin esperarlo que aparezcas, que de un momento a otro ya estés sobre mí, sientiendo mi calor. Poco a poco, de nuevo tus labios se irán acercando a mi. Aún puedo sentirlo, el roce de aquella boca, el aroma de aquel aliento, tú respiración tan cerca, saboreando... aún sin casi tocarme. Cómo quisiera tenerte dentro mí, y no ser agua, y no ser café, que al entrar sólo yo, quedo dentro de ti.
jueves, 30 de agosto de 2012
Él.
Quiero recordarlo así. Con esa sonrisa discreta y aquellos espejos que lleva en la cara donde tanto me gustó mirarme. Debo dejarlo ir. Me lo repito tantas veces que se va haciendo real.
Fue de esas cosas que simplemente pasan, que te toman tan desprevenidamente, que no te das cuenta cuando ya estás dentro, y cuando lo haces; ya no quieres salir. Aún con todos esos recuerdos etiquetados con su nombre, su ausencia se va difuminando. Se va mezclando con otras personas, otras calles y otros pensamientos. Hasta desaparecer.
Fue de esas cosas que simplemente pasan, que te toman tan desprevenidamente, que no te das cuenta cuando ya estás dentro, y cuando lo haces; ya no quieres salir. Aún con todos esos recuerdos etiquetados con su nombre, su ausencia se va difuminando. Se va mezclando con otras personas, otras calles y otros pensamientos. Hasta desaparecer.
jueves, 9 de agosto de 2012
A veces me pregunto: ¿pensará en mi también? Y preguntas sin sentido a las que intento buscarles el suyo. Lo busco en personas, en libros, canciones y uno que otro cigarrillo. ¿Por qué hay desiciones que no puedes escoger tú?
Por la tarde me preguntaba dónde había dejado mi inspiración. Hace tiempo que no escribo, que no gasto mis recuerdos en papel. ¿Hasta qué punto, una situación puede cambiarte? Ya no usaré más la palabra destino en mis escritos con razón de ser, casualemente llamada como tú, ni tampoco emplearé en ti mis ojos. Son simplemente notas mentales que me hago todo el día intentando no recordarte, buscando formas de no mantenerte de inquilino en este piso. Pero aquí estoy, con una necesdad casi muerta de tanto usarla.
Por la tarde me preguntaba dónde había dejado mi inspiración. Hace tiempo que no escribo, que no gasto mis recuerdos en papel. ¿Hasta qué punto, una situación puede cambiarte? Ya no usaré más la palabra destino en mis escritos con razón de ser, casualemente llamada como tú, ni tampoco emplearé en ti mis ojos. Son simplemente notas mentales que me hago todo el día intentando no recordarte, buscando formas de no mantenerte de inquilino en este piso. Pero aquí estoy, con una necesdad casi muerta de tanto usarla.
sábado, 14 de julio de 2012
¿Qué tal si...
Suelo preguntarme continuamente qué pasaría si desapareciera. Y con desaparecer no quiero decir "para siempre". Sólo un momento, un día, quizá dos... No lo sé. Este cuestionamiento terrible sólo viene a visitar mi mente por las noches, suelo recostarme y pensar en las cosas que hice en todo el día; las personas con las que estuve, las cosas que dije y los pendientes que olvidé. No tengo buena memoria. Quizá por eso me cuesta recordar las sensaciones que me provocan todas esas cosas que vivo diariamente, el pequeño placer que te pueden obsequiar cosas tan insignificantes, o momentos tan insignificantes... es absurdo, lo sé, ¿cómo te puedes olvidar de sentir?
¿Hace cuánto que no disfruto una ducha? ¿O un café? Pienso tanto y termino haciendo nada. Imagino desaparecer como sinónimo de esconderme. Quiero averiguar si extrañaría esas cosas, esas personas con las que convivo en lapsos de tiempo muy cercanos. Son pensamientos tan vanos que he ido acumulando en mis madrugadas donde sólo existo yo y a mi al rededor 4 paredes y cosas que he ido guardando como signo de mi seguridad (o ¿inseguridad?). Entonces, me dispongo a imaginar qué podría hacer, cómo podría sentirme más "yo", más feliz, o más triste; cómo poder estar más elevada que el sueño de algún niño, o el ego de alguien más. Pienso en arrebatarme y sin más ni más, salir, salir de mi cama, de mi habitación, y de mi misma.
¿Hace cuánto que no disfruto una ducha? ¿O un café? Pienso tanto y termino haciendo nada. Imagino desaparecer como sinónimo de esconderme. Quiero averiguar si extrañaría esas cosas, esas personas con las que convivo en lapsos de tiempo muy cercanos. Son pensamientos tan vanos que he ido acumulando en mis madrugadas donde sólo existo yo y a mi al rededor 4 paredes y cosas que he ido guardando como signo de mi seguridad (o ¿inseguridad?). Entonces, me dispongo a imaginar qué podría hacer, cómo podría sentirme más "yo", más feliz, o más triste; cómo poder estar más elevada que el sueño de algún niño, o el ego de alguien más. Pienso en arrebatarme y sin más ni más, salir, salir de mi cama, de mi habitación, y de mi misma.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)