Suelo preguntarme continuamente qué pasaría si desapareciera. Y con desaparecer no quiero decir "para siempre". Sólo un momento, un día, quizá dos... No lo sé. Este cuestionamiento terrible sólo viene a visitar mi mente por las noches, suelo recostarme y pensar en las cosas que hice en todo el día; las personas con las que estuve, las cosas que dije y los pendientes que olvidé. No tengo buena memoria. Quizá por eso me cuesta recordar las sensaciones que me provocan todas esas cosas que vivo diariamente, el pequeño placer que te pueden obsequiar cosas tan insignificantes, o momentos tan insignificantes... es absurdo, lo sé, ¿cómo te puedes olvidar de sentir?
¿Hace cuánto que no disfruto una ducha? ¿O un café? Pienso tanto y termino haciendo nada. Imagino desaparecer como sinónimo de esconderme. Quiero averiguar si extrañaría esas cosas, esas personas con las que convivo en lapsos de tiempo muy cercanos. Son pensamientos tan vanos que he ido acumulando en mis madrugadas donde sólo existo yo y a mi al rededor 4 paredes y cosas que he ido guardando como signo de mi seguridad (o ¿inseguridad?). Entonces, me dispongo a imaginar qué podría hacer, cómo podría sentirme más "yo", más feliz, o más triste; cómo poder estar más elevada que el sueño de algún niño, o el ego de alguien más. Pienso en arrebatarme y sin más ni más, salir, salir de mi cama, de mi habitación, y de mi misma.